En el marco del Día Internacional del Beso, se presentó un informe con datos reveladores sobre el comportamiento de las argentinas: la falta de intimidad en la convivencia y el auge de la conexión intelectual como los nuevos motores que impulsan la búsqueda de vínculos fuera de la pareja.
El beso no nació por amor. La ciencia confirma que este gesto evolucionó hace 21 millones de años como una herramienta de supervivencia para calmar tensiones y sellar alianzas entre nuestros ancestros. Sin embargo, en la Argentina de hoy, esa alianza parece haberse roto puertas adentro. Según el último informe de Gleeden, una app líder de encuentros no monógamos pensada por y para mujeres, el beso es el gran termómetro de la crisis: mientras el 88% de las usuarias asegura que sus besos más apasionados ocurren en citas extramatrimoniales, casi la mitad de las parejas estables, un 45%, admite que sus labios ya no se encuentran en la intimidad del hogar.
El deseo hoy no es estético, es mental. Entramos en la era de la sapiosexualidad, donde el 55% de las argentinas afirma que lo que realmente las enciende es la conexión intelectual. Para la mujer actual, el beso dejó de ser un acto automático para convertirse en el desenlace de una charla que la saca de la indiferencia cotidiana. Es una búsqueda de rescate emocional: el 40% de las mujeres reconoce que la pasión en casa se extinguió y sale a buscar ese shot de adrenalina que las haga sentir conectadas otra vez.
"Cuando el beso desaparece en la convivencia, la mujer no solo pierde la pasión, sino que deja de sentirse vista. Según nuestros últimos relevamientos en Argentina, factores como el estrés y la monotonía han erosionado la intimidad, llevando a que 7 de cada 10 mujeres busquen fuera de su pareja esa validación personal que ya no encuentran en casa", afirma Silvia Rubies, directora de Comunicación de Gleeden Latinoamérica.